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El amor es una de las experiencias humanas más paradójicas. A pesar de que, por ser el impulsor central de la vida personal y la fuente nutricia de la supervivencia colectiva, ha sido uno de los objetos de estudio predilectos de todas las ciencias humanas y uno de los asuntos preferidos por todos los lenguajes artísticos, su naturaleza íntima y su complejo funcionamiento siguen siendo misteriosos. Es un concepto anfibio, fabricado en parte por imágenes creadas por poetas y, en parte, por abstracciones sutiles elaboradas por filósofos.
El amor es una de las experiencias humanas más paradójicas. A pesar de que, por ser el impulsor central de la vida personal y la fuente nutricia de la supervivencia colectiva, ha sido uno de los objetos de estudio predilectos de todas las ciencias humanas y uno de los asuntos preferidos por todos los lenguajes artísticos, su naturaleza íntima y su complejo funcionamiento siguen siendo misteriosos. Es un concepto anfibio, fabricado en parte por imágenes creadas por poetas y, en parte, por abstracciones sutiles elaboradas por filósofos.









