Me contaron hace tiempo la siguiente historia: Un hombre, pobre, sin empleo, le pidió a un primo suyo concejal, que le echara una mano, pues su situación era desesperada.
El primo concejal, le ofreció el puesto de barrendero, para ello debería pasar una pequeña prueba escrita. Como el buen hombre era analfabeto total, para no saber, ni firmar, no pudo superar la prueba, por tanto no pudo acceder al trabajo.









