miércoles, 21 de diciembre de 2016

"La estrella rebajada", por Cristóbal Moreno "El Pipeta"

Este año Jimena de la Frontera, está triste. Desde mediado de diciembre despierta llorosa. Sus vecinos le preguntan por qué se levanta con los ojos llenos de lágrimas. Calla y mira a su castillo moviendo negativamente la cabeza; no para de restregarse los ojos. A veces solo acierta a decir: “pobrecitos mis hijos, cuando miren y no vean”, “qué navidades más tristes!”.


Jimena es muy anciana, muchos siglos la contemplan. Varias veces cambió de nombre para adaptarse a los tiempos y a sus moradores. Aunque tuvo otros nombres, el primero de su antigüedad sabido se lo pusieron unos extranjeros libios-fenicios (venían del otro lado del charco), le pusieron “Oba”, y así le siguieron llamando los romanos hasta la llegada de los visigodos. Comenzó a llamarse Ximena, después Jimena, y con la llegada de los árabes y las sucesivas reconquistas se le agregó el de “La Frontera”.

Los hombres, que siempre han sido mas malos que la “ma”, hacían guerras tras guerras y por conquistar todo lo robaban y destruían, y con ello hacían desaparecer pergaminos, inscripciones y objetos que contenían las historias y nombres de los pueblos. Con la edad antigua y moderna no fueron mejores, pues después de griegos, fenicios, romanos y árabes, gobernaron los visigodos, llegando hasta los franceses y todos conquistaban guerreando y destruían matando. Hasta los franceses nos invadieron, ¡no se llevaron cosas los franceses; y los daños que causaron en monumentos antiguos de los que aún quedaban!; costó otra guerra llamada de la Independencia para que se marcharan. Después hasta los mismos hermanos aquí se mataron por culpa de una guerra civil.
Jimena, ha tenido varios esposos de los que no quiere ni hablar. Se mosquea cuando le preguntan y solo se atreve a decir: “he tenido muchos hijos, pero solo me viven tres, los tres más jóvenes. Sólo una guerra éstos han vivido, por la que también sufrí mucho daño y aún no me he repuesto de las heridas, pero ya me llamaba Jimena de la Frontera. Por fuera había otra guerra llamada Mundial, pero esa no me afectó mucho, en ese aspecto poco, por no decir nada. Y no quiero mentar siquiera a mis esposos o amantes para que los hombres no se enteren, ¡demasiado cosas malas le he visto a los hombres durante toda mi vida, buenas también, pero las malas son demasiado malas para contarlo”. Ellos acababan con todos mis deseos de superación, con todas mis ilusiones y con todas mis ideas. ¡¡¡”No quiero que sepan más que yo”!!!.

“Eso si que era tristeza, todo mi violentado pasado se llevó mis más sentidas lágrimas, ¡eran lágrimas de sangre!. Las de ahora son de una tristeza mucho más tenue, aunque también más sensible, una sencilla lastimita, que me hacen olvidar las pocas lágrimas gordas que he ido perdiendo durante siglos, y que ahora, con la paz (también lloro cada vez que pienso en perderla), son más blanquitas, más chiquitas y más puras. Me vienen éstas lagrimitas porque durante los últimos años del pasado siglo y los primeros de éste, he ido recuperando un poco mi salud; las de mis hijos algo dañadas nada más nacer venían sanadas por completo, se van haciendo mayores y fuertes, muy lentamente, pero en positivo; con los actuales hombres y su forma de gobernarse llamado democracia se ha ido llenando sus calles años tras años, poco a poco, de una alegría tremenda, contagiosa, sana, de las que curan cicatrices: trabajo y fiesta, fiestas y trabajos en todos los ámbitos han venido llenando el aire de risotadas y futuras ilusiones, los muy mayores resignados con su pasado, los adultos viviendo una vida llena de éxitos y estabilidad, y los jóvenes, más inocentes y ausentes de las maldades lejanas, contentos en un frágil paraíso, pensando en futuros pintados de resueltos. Discotecas, fiestas, ferias, carnavales, playas, chicas, teléfonos, juegos electrónicos y nuevas tecnologías, junto al descansado y acogedor hogar, les llenan la cabeza de pajaritos y -con sus siempre excepciones de mentes inteligentes que no caen en esa trampa- se han creído que todo es “jauja” y que ellos son invencibles, que saben más que nadie y que son indestructibles como los súper-héroes de las pantallas de cines y de juegos. Juegos que a su vez los hacen ser destructores si no dominan la ficción del cerebro. ¡”Los mayores no saben nada, viejos ignorantes!.”

Sin embargo, últimamente, ya próxima las Navidades, Jimena, sensiblemente compungida, ha optado por decir: que no solo por lo anterior se le saltan las lágrimas. Se le venían derramando -“lágrimas de cocodrilos”- dice, conforme ha venido viendo -como lo vio muchas veces en el pasado- el resurgir de un nuevo castillo desde las ruinas. También se les saltó cuando años atrás le iluminaron su almena con una gran estrella durante todas las Navidades y el Año Nuevo, a lo que se había acostumbrado y, además, sentía, que jamás su castillo se había visto desde lejos tan alumbrado y sin miedo alguno. Ha llorado de alegría, cada vez que, desde su altura, veía la perfecta iluminación en las calles principales de sus hijos: La Estación de Jimena, San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo; y más, cuando éste último, destetado recientemente, desea ya emanciparse, después de un siglo y medio dándole el pecho. Aunque lo que más lástima le da, -y no sabe los motivos, si son políticos o qué-, es que este año la estrella ya no alumbra igual en la torre ni con la misma intensidad; este año la estrella está algo triste y decaída, ya no se ve desde tan lejos, la han rebajado hasta sus pies, a la altura de las almenas.

Por eso Jimena llora, como llora la estrella por no llegar a ver todo el Campo de Gibraltar. Jimena llora de noche y grita de día: ¿¡Qué es lo que ha hecho mi estrella para tenerla castigada!? ¿¡Qué culpa tiene mi estrella de la moción de censura?! ¿Mandará el nuevo consistorio subirla encendida a lo alto de la torre? ¿O es que está a medio asta en luto por tantas muertes en Alepo?. Y si es por las muertes de Berlín y por todas las muertes violentas de un ser humano...
Si es por esto último que continúe así.

Cristóbal
Moreno "El Pipeta"

6 comentarios:

Llámame Moisés dijo...

Lamentablemente, Cristóbal, por más que se subiese la estrella a la torre del castillo, para iluminar nuestro cielo, la crueldad inhumana que nos invade, apagaría su brillo.
G. Polo

Cristobal Moreno dijo...

Una gran verdad Gonzalo, en el fondo no somos culpable de todas las barbaridades, que han de ser achacadas al creador de nuestra corrompida alma, unos más y otros menos, algunos pueden acumularse al diablo y muchos, menos mal,a los Santos que mean.

Anónimo dijo...

Ya lleva dos o tres años rebajada.

Anónimo dijo...

Un apunte: los árabes no llegaron antes que los visigodos. Llegaron despues.
Sin pretender restarle calidad al escrito sino discrepar le digo que no me preocupa tanto las bombillas del la estrella como su coste.
Si eso ahorra y quitamos deuda bienvenido sea, que el gasto en luces de fiesta ya roza la locura mientras el ayuntamiento sufre de desangrado crónico con tanta feria y tanto numerito electoralista.

Cristobal Moreno dijo...

Perdón, una inversión errónea e infantil del orden, que por no repasar bien se escapan. O bien, una trampa del subconsciente ante la costumbre de ser tantas veces llamado "godo" durante mi permanencia en Las Canarias. Muchas gracias por la observación.

Anónimo dijo...

Moisés, levantó el bastón de mando que le prestó su amigo fran, dijo: Qué se abran los cielos y se haga la luz. De pronto surgió de la nada, una luz en el castillo.
-Los lugareños mormuraban- ¿qué será aquello que brilla en el castillo? Y una voz ronca y surgida de los cielos dijo: Esa es la estrella de Moisés, será la guía de los comentarios de buceite.com, artículo que no esté la estrella de moisés no será un artículo merecedor del reino de los cielos.