
Si como afirma Popper, “todos los hombres son filósofos, si bien es cierto que unos lo son más que otros”, con mayor razón podríamos afirmar que todos deberíamos ser “antropólogos” y tratar de explicitar una concepción que, a partir de nuestras convicciones más profundas y de nuestras experiencias más intensas, oriente nuestros juicios, modele nuestras actitudes y estimule unos comportamientos más coherentes.
Apoyándonos en la Filosofía, en la Psicología, en la Sociología, en la Ética y en los principios que hunden sus raíces en los mensajes evangélicos, en sucesivas “entregas” semanales, trataré de esbozar algunos de los rasgos que determinan el supremo sentido de la dignidad humana y los significados nuevos de los objetos, las dimensiones profundas de los episodios, de las actitudes y las repercusiones de los comportamientos más característicos de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo.
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