En mi opinión, el tiempo por sí solo no resuelve los problemas, no cura las enfermedades, no proporciona conocimientos, no desarrolla las facultades, no confiere sabiduría, no otorga dignidad ni siquiera madura a las personas. Un objeto que no está adornado de otros valores que el tiempo o un ser humano que sólo posee mucha edad son, simplemente, viejos.
Es cierto que la ciencia y la historia nos han habituado a medir la importancia de los objetos y a calibrar el valor de los acontecimientos por su dimensión temporal: el cosmos se describe midiendo el tiempo que tarda en llegar la luz de las estrellas a nosotros, el átomo por sus rápidas oscilaciones, los acontecimientos sociales por su antigüedad y la vida humana por su edad. Pero, al mismo tiempo, hemos de reconocer que la existencia y la vida humana, por muy configuradas que estén por el tiempo, no son sólo ni principalmente tiempo.