viernes, 17 de marzo de 2017

"El futuro emancipado", por Salvador Delgado Moya

Cada día me quedo más  estupefacto con éste, nuestro país.

Desde que tengo consciencia, veo, intuyo el avance de la sociedad en las diferentes épocas que me ha tocado vivir.

    Sé, que la evolución de las cosas y del entorno deriva exclusivamente en la mejora y el progreso de la sociedad. Dos pautas mueven, a mi parecer, este mundo actual: trabajo (riqueza, poder) y todo lo demás.
 
    Para vivir, la primera premisa que te condiciona la sociedad  es el sacrificio; después lo puedes adornar con preparación, dedicación, vocación, rendimiento, suerte, e incluso, devoción.
    Pero, ¿hasta dónde estás dispuesto a sacrificar? ¿Somos consecuentes con el precio pagado?. Pero no somos conscientes del bien tal preciado, que se nos arrebata para limarnos un futuro…Y por el contrario, no pocas veces, esa “pérdida” de nuestro anhelado tiempo es recompensada con dosis desorbitadas de conocimiento y sapiencia, que a su vez, incitan a un desarrollo cognitivo más amplio y enriquecedor.
    ¿Qué rollo no?
    Pues aunque parezca un rollo, es simplemente otra manera diferente de envolver circunstancias y casualidades que desembocan en la preocupación y la asimilación de muchos padres.
    O no quisiste, o no pudiste, o no valías, o el destino en aquel momento se olvidó de ti. ¡No pudiste estudiar! ¡Pero cuidado! Tienes hij@as, y ellos rubricaran “cum lauden” esos propósitos inalcanzables para revitalizar tu ego y tu autoestima.
    Estamos adoctrinando una juventud con una preparación masónica, intercalándoles un recreo de botellonas e incomprensión y vomitando experiencias inauditas para otras generaciones y que adolece de miedos y complejos; utilizando una valentía sorda pero constante; permitiendo avanzar, escudriñando el talento y hermanándola con la inteligencia.
    ¡Joder! ¡Esta juventud es la hostia!
    Regurgitan en varios idiomas y procesador mental es síntoma inequívoco de preparación adolecida con la constancia y el sacrificio efímero del cautiverio ocasional.
    ¡Qué alegría!
    Estamos creando piezas de engranaje perfectas para el rodamiento perpetuo de la vida y desde la colina del orgullo, de la redención y del abastecimiento, padres y madres, siguen siendo los vigías mudos de las circunstancias. Piezas fundamentales del avituallamiento incondicional de esta estirpe, arropadas sólo por los desenlaces finales y anestesiados por el convencimiento de las prioridades de sus vástagos.
    Nunca, los puentes, los festivos y las celebraciones con cierta relevancia tuvieron tanta importancia en la vida cotidiana, porque irremediablemente, poseen la propiedad conmutativa y asociativa en lo que a visitas adolece: ¿Vas a venir?, ¡te echo tanto de menos! ¿estás comiendo bien? ¡Ten mucho cuidado!... estas frases rozan la esquizofrenia de unos postulados emigrantes en boca de sus creadores.
    Y un día cuando todo ha terminado, relajadamente, pensativo, ecuánime e imparcial, piensas: ¡Lo hemos  conseguido! ¡El final ha llegado! Ya es ingenier@, medic@, abogad@, doctor en letras y en ciencias, tiene másteres por doquier, ha vivido en el extranjero, conoce mundo y sabe desenvolverse ante la realidad diaria…
    ¡Que alegría para todos! ¡Ya está aquí con nosotros! ¡El sacrificio dará sus frutos!, pero la realidad es que ahora (y con todos mis respetos) soy consciente que será el mejor empleado en una gran cadena de comida rápida americana; será el mejor camarero del chiringuito de
playa de moda; será el mejor doblador de blusas de imperio de Amancio Ortega, y que será, sin lugar a dudas, el mejor repartidor de pizzas a domicilio… y si no consigue ser el mejor, será el “number one” en estilismo académico.
    Con un poco de suerte, esta generación pueden ser abducidas por los alemanes con unas propuestas de trabajo, sin poder dar lugar al rebatimiento, y ahí, empezará el verdadero peregrinaje a la Meca del desarrollo personal, lingüístico, emocional y humano. O bien, encontramos al “padrino” políticamente perfecto, que desorbitará nuestro curriculum dentro de una chistera de favoritismo, enchufismos y lameculos.
    Pero no te preocupes hij@, en una caja te mandaré el sol, al aire, el mar, la luz, las risas, los atardeceres, la familia, los amigos y la nostalgia de tu España querida…
    ¡Viva España coño!
    ¡Viva la inapetencia a la rebelión!
    ¡Viva el conformismo!
    ¡Que viva el sacrificio de las familias, las lágrimas derramadas, los codos doloridos y el sudor derrochado!
    ¡Que viva la inoperancia, el adoctrinamiento y la carencia de sensibilidad!
    ¡Que viva todo! Estas pagando cantidades de dinero y sacrificio para alejar de ti lo que más quieres y más valioso que posees en esta vida, tu hij@. Que incongruencia!
    Creo que hoy en día, esta juventud con esos peinados de tupés ondulados, engominados y lacados hacia direcciones antojadizas, no merecen este oportunismo mercantil que desencadena frustración e incomprensión en una sociedad decadente de lógica y entusiasmo.
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Imagen de www.finanzas.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Regurgitan en varios idiomas y procesador mental es síntoma inequívoco de preparación adolecida con la constancia y el sacrificio efímero del cautiverio ocasional".
Como no me has puesto ni una coma o punto, no me he ahogado de milagro. Eso aparte de no enterarme exactamente del contenido -de lo que quieres decir- en esa larga frase.
He terminado y no he capturado el sentido, el significado, del texto.
Lo siento, tan extensivo vocabulario me sobrepasa, y me pregunto realmente ¿A quién escribes?: al los lectores del pueblo pobre de léxico o los cultos con bombonas de oxígeno.
Lo siento, es mi inculta opinión con respecto al actual trabajo. Por eso yo no escribo, para no ser evaluado. Cosa de cobardes, lo sé.
Los primeros textos me encantaban, lector si que soy. Leo hasta el papel de fumar.

Salvador Delgado dijo...

Gracias por su opinión y mis más sinceras disculpas por no ser de su complacencia.
Espero que un futuro no muy lejano, cuando usted lea algo de lo que le brindo, no sea motivo de alteración incitada por culpa de mi escritura.
Por cierto, le felicito por leer a viva voz.
Nuevamente gracias.