viernes, 11 de noviembre de 2016

"Indecisión", por David Romero

David Romero Pacheco ha publicado este escrito en la sección de narrativa del núm. 26 de otoño 2016, de la revista del Club de Letras de la Universidad de Cádiz SPECULUM, que se publica en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, y es dirigida por el profesor José Antonio Hernández Guerrero.
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 “Indecisión”

Recuerdo el principio. Dobles latidos: los míos, los de mi madre. ¿Dormido o despierto? Intuyo el canto de los pájaros. Me dirijo hacia la luz. Crezco rápido. Después, nos encontramos. Mi madre me lleva allí: un jardín con flores y árboles y un estanque. Yo tengo cinco años. Diez Paula. Cinco más. Me mira a través de un color que nunca había visto. ¿Verdes o azules? No sabía la respuesta pero quería volver a verla. Atrapado en una oscuridad blanca y densa. Paula se aproxima. No tengo sed ni hambre. Volvemos a ser niño; apagamos la luz y soñamos. Diría que son verdes. ¡Azules! Vivimos en barrios distintos y… aquel jardín y su estanque. Silencio. ¿Aparezco? Dudo semanas sobre ir a su cumpleaños. Voy. No, no voy. Fui. El tiempo no existe. La temperatura aumenta, nada. Si lo intento con más ímpetu. Se acerca. Verdes, a pesar de la oscuridad. Atisbo el perfil de su silueta. Mira en todas direcciones sin verme. Veinte años. Yo quince. Siembre cinco más. En aquel jardín nos desnudamos. Observo las hojas de los robles mientras pienso en pedirle una cita: verdes, rojas, amarillas, se caen, una a una, y sigo pensando. Mejor no. Siempre fue más alta y lista y guapa que yo. Se lo digo, no se lo digo. ¡Me dijo sí! Vuelvo a ver sus ojos. ¡Verdes! como un mar en la mañana. ¡Azules! como el prado al atardecer. Treinta y cinco. Yo treinta. Heidi sube a la montaña a vivir con su abuelo. El tiempo. Ausente. ¡Decidido! Treinta y nueve. Yo treinta. Los incidentes ocurren. ¿Porque no iba a aceptarlo? Mi aspecto no ha cambiado mientras ella envejece. La niebla densa se aclara. La veo, preciosa. Veo las flores y los árboles y el estanque. El canto de los pájaros se vuelve nítido y melódico, limpio y agradable el sonido del agua al caer. Escucho su respiración agitada. Mira curiosa en mi dirección pero… ¿Y si me ha olvidado? Mejor no, otro día, quizás. Retorna la blanca oscuridad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantástico¡, muy laberintosas las cortas oraciones; a veces encadenadas de seguido, otras unidas a rato con la orientación del sentido y de los sentidos que han de estar alertas para manipularlos en la mente, explorarlos, estudiarlos y razonarlos hasta los 39 años de ella y los 30 de él, donde los sueños del amor querido se vuelven reales en la añoranza de su mente, con el mismo amor que siempre le profesó. Un amor ahora solitario, que rellena cada dos por tres visitando su tumba; allí, donde puede revivirla y revivir los sonidos y la belleza de la naturaleza al igual que antaño. Cuatro años hace que murió su amada.
¡Que bonito y melancólico!
Estupendo David. Ya tu sabes..., yo te añoro de otra forma y..., vivo!

Anónimo dijo...

Gracias por la lectura; por las amables e interesantes palabras sobre la interpretación de tus sensaciones al leer el relato. Encantado de ser leído.
Un fuerte abrazo. También os añoro..., nos vemos pronto

David,