Los hombres y las mujeres inteligentes saben muy bien que uno de los caminos para lograr el equilibrio psicológico, la armonía social y el bienestar familiar es la sencillez, la naturalidad y la autenticidad. ¿Se han fijado ustedes que hasta los más pretenciosos, pedantes y cuentistas admiran y elogian a las personas llanas y menosprecian a los engreídos? En estos momentos me vienen a la memoria las palabras de Lola Borbón referidas a Merceditas, una compañera a la que nunca llegó a entender. Decía que era "más que tontaja, una desgraciá". “Todavía peor que desear lo que no se tiene –afirmaba-, es no aceptar lo que se posee. ¡Qué desgracia más mala es no querer ser lo que se es!” La tonta de Merceditas no se daba cuenta de que disimular es una manera de delatar las carencias más inconfesadas, ni de que, a veces, las negaciones revelan más cosas de las que ocultan.