domingo, 23 de julio de 2017

"Curiosidades y Mitos en la Edad Media: los festejos de los toros", por Eduardo Navarro Er Pedagogo Jimenato

Eduardo  Navarro en buceite.com

De su blog Andalucía y la Educación.
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¿Había corridas de toros en la Edad Media?
Sí, existía la fiesta de los toros en la Edad Media. Aunque no como se conocen en la actualidad. Prueba fehaciente de ello son las crónicas y testimonios de la época.


Se trata de un magnífico animal que ha provocado fascinación desde la antigüedad, arraigada en nuestras costumbres desde tiempos remotos. Aunque es en la edad media cuando el espectáculo se sitúa, fundamentalmente, en un enfrentamiento entre el hombre y el animal, en donde los caballeros se exhibían y lograban vencerlo.

Ya existe documentación escrita sobre los festejos con toros de finales del Siglo XIII, en las cantigas de Alfonso X. Se mencionaba como eran hostigados y asaetados con lanzas, flechas y espadas por los caballeros.

En tiempos de Alfonso XI, en el enfrentamiento de la fiesta de toros los caballeros trataban de lucirse para hacerse un buen nombre. Se trataba de fiestas urbanas de prestigio.  El cambio a una fiesta popular llegaría más tarde, durante el Siglo XVI, cuando ya toman parecido a la actualidad. De hecho, es en el año 1546, cuando comenzaría a denominarse como corridas de toros.

Es muy elocuente la documentación del Mayordomazgo del Ayuntamiento de Sevilla que trata sobre la adquisición, de nada más y nada menos, de 200 toros para celebrar fiestas en la ciudad, durante ese período de transición citado. Es decir solamente para Sevilla, una buena parte procedentes de Utrera y Alcalá de Guadaira. Evidentemente ya era todo un negocio este tipo de ganadería.

Aunque también tiene historia la postura antitaurina. En el mismo Siglo XVI algunos obispos españoles expresaron su deseo de prohibir estos espectáculos en el Concilio de Trento, porque lo veían como una vuelta al paganismo. No se determinó nada al respecto y se dejó al arbitrio de las autoridades eclesiásticas españolas la decisión. Más tarde, en el Siglo XVIII, sufrieron distintas prohibiciones. Carlos III incluso llegó a suprimirlas después de los argumentos del ilustrado Conde Aranda.

Aunque no he tratado de hacer una exposición a favor o en contra, no sería este el lugar, solamente se trata de narrar curiosidades de nuestro pasado. En esa dirección, me quedo con la frase del insigne filósofo, Ortega y Gasset, “No puede comprenderse bien la historia de España sin haber construido la historia de las corridas de toros”. Para concluir se hace referencia a dos curiosidades sobre la fiesta de los toros en la Edad Media.

Festejos que también aparecen en el reino nazarí de Granada. En el Siglo XIV,  en tiempos de Yusuf I, relata el visir, historiador y poeta, Ibn al-Jatib, sobre los lugares de recreo y esparcimiento cercanos a la Alhambra: “en el que los caballeros, así moros como cristianos, solían ventilar sus recíprocos agravios y, querellas, la plaza de torneos, corridas de toros con perros alanos y otras fiestas”.

Afortunadamente esa costumbre, utilizando los perros para rendir al toro, cae en desuso desde el último tercio del XIX. Hacía la función de los actuales picadores, restándoles la fuerza.

Por otra parte, en la Crónicas de Enrique IV de Castilla, aparece una “indiscreta” anécdota sobre estos festejos. En ella se narra que estando el rey un día que corrieron toros, la reina, Doña Juana de Avis, conocida como la "reina adultera",se encontraba muy enojada y ordenó que ninguna de sus doncellas lo viese. Doña Guiomar de Castro, también portuguesa y amante de Enrique IV, no quiso obedecer. Así que se subió a la torre donde estaba el rey y la corte, para desde allí ver los toros. Así que la reina espero en la escalera por donde tenía que bajar su doncella y tomándola por los cabellos le arreo muchos golpes con “chapin”, en la cabeza y en la espalda. El rey, ante los gritos de Doña Guiomar, llegó a todo “priesa”, sujetando a su esposa por el brazo y le dijo: “¿bien os ha parecido esto? La reina se quedó tan turbada que estuvo más de una hora en el suelo amortecida.

Tras este suceso, para no provocar el enojo de la reina, el rey acordó aposentar a Doña Guiomar fuera de palacio, En definitiva, a lo que íbamos, cosas de esa época y de las historias de las corridas.

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