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Como cada año, la Milla, que se celebrará el 4 de Septiembre a partir de las 18.30 horas, tendrá su punto de salida y meta en la calle Algeciras. Las inscripciones pueden efectuarse en la misma línea de salida hasta una hora antes del inicio de las carreras
Fútbol sala
En cuanto al fútbol sala, permanece abierto el plazo de presentación de equipos hasta completar un máximo de 20 participantes. La inscripción tiene un precio de 170 euros por equipo.
El plazo finalizará el día 30 de Julio, mientras que un día después, el 31 de Julio, a las 20.00 horas, se procederá al sorteo de emparejamientos.
El campeonato dará comienzo en los primeros días del mes de agosto. De esta manera, la fase final del mismo coincidirá con las fiestas de la Novena, a celebrar el primer fin de semana de Septiembre.
Se han previsto premios para los cuatro primeros clasificados. El campeón se llevará un premio de 600 euros y trofeo mientras que el finalista obtendrá 400 euros y trofeo. El premio en metálico para el tercer clasificado es de 200 euros y de 170 para el cuarto equipo clasificado.
La inscripción puede efectuarse en el teléfono 646815106.
Otros deportes
El ajedrez, el dominó y la petanca completan la oferta deportiva de la Novena. Las dos primeras se desarrollarán en el Centro Cultural Reina Sofía, mientras que el torneo de petanca tendrá lugar en el campo de petanca Los Ángeles. Las rondas previas de este campeonato se iniciarán el 28 de Agosto, estando previstas las semifinales y final en miércoles 2 de Septiembre.
Por ello, el pasado mes de Marzo, la Alcaldesa Ana Belén Jarillo, se puso en contacto con el Alcalde Pascual Collado, para decirle que se necesitaba urgentemente unos 2.000 euros para el comienzo del tratamiento de las palmeras ya que sin este dinero la empresa no empezaría a trabajar. Posteriormente, se le enviaría el coste del tratamiento definitivo para su conocimiento y que abonase la factura fracionalmente sin que suponiese un gasto que alterase las cuentas mensuales.
El Alcalde se comprometió a enviar ese dinero dada la importancia del tema y del significado que tienen las palmeras para el pueblo de Tesorillo. Por lo tanto, y dado los acontecimientos se procedió al tratamiento de las misma. El problema que nos encontramos hoy en día, es que desde Marzo se ha estado llevando a cabo su tratamiento sin que Pascual cumpla su palabra con el pago del tratamiento siendo dinero del pueblo de Tesorillo y teniendo que llevar el proceso más lento de lo que debe dado a que hay que estar a la espera de las limosnas del Alcalde.
No sólo no cumple su palabra sino que tampoco nos ha enviado el camión grua para facilitar el trabajo de llevar a cabo la fumigación de las palmeras. Si todavía estuviesemos esperando el camión ya estarían todas las palmeras afectadas. Pero, no ha sido así, gracias al alcalde pedáneo de Secadero, Juan Luís Villalón, que se ofreció en siguida a prestarnos su camión grua sin cobrar nada, dada la urgencia y nececidad del tema.
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Eso sí, la concejala de medio ambiente del Ayuntamiento de Jimena la Sra. Noelia Garcia, si criticó a la ELA por no llevar a cabo el tratamiento, siendo obligatorio y exigido por la Junta de Andalucía. Sin ningún escrúpulo ni contemplación una vez más, demuestran que en vez de colaborar y ayudar al Pueblo de Tesorillo esperan cualquier oportunidad para hacer una política destructiva.
El tropiezo de esta concejala fué que no sabía que la ELA ya había comenzado con los tratamientos pertinentes para prevenir y salvar del peligro las palmeras centenarias del pueblo.
Sólo esperamos, pagar a la empresa contratada como se comprometió el Alcalde en su día.
-Juan José Téllez-
Para ganar la guerra de la paz tendríamos que tener claro que el pensamiento único sólo sirve a aquellos que se benefician de un mundo único, el de la riqueza del privilegio minoritario frente a la miseria de los más. Que las sociedades pueden suicidarse democráticamente cuando no la democracia puede servir para asesinar en su nombre. Que Europa debe dejar de soñarse fortaleza y abrirse racionalmente a la inmigración. Que las constituciones proclaman derechos humanos que la realidad incumple. Que la rebeldía es una especie en extinción. Que los gobiernos pretendan domesticar a las sociedades mediante subsidios, subvenciones y otros pan para hoy y hambre para mañana. Y, sobre todo, que las ONGs no pueden ser subcontratadas para asumir servicios públicos ni deben ser utilizadas para lavar la conciencia de una sociedad adocenada, que no suele contrastar ideas sino confirmar las ideas preconcebidas, a través de encuestas, medios de comunicación y otros espejismos al uso.
La paz significa, por ejemplo, que los sicarios sepan que lo son. Que no se vayan de rositas los navajeros del abuso de poder sin que la sangre que han cosechado les manche el cuello blanco de sus camisas. Para que las heridas del rencor cicatricen resulta urgente que el olvido deje de sur un animal de compañía y que la memoria histórica sea tan imprescindible como la memoria individual que, para lo bueno y para lo malo, para que no nos quiten lo bailado, pero tampoco lo sufrido, lo torturado, lo ejecutado al pie de los caminos, lo encarcelado, lo reprimido, lo perseguido, tiene que oponerse tajantemente al alzheimer o a ese terrible gesto de mirar hacia otro lado sobre nuestro propio pretérito imperfecto.
Para que nos sobrevenga la paz como un milagro tangible, soy de quienes opinan que la pobreza y la pena de muerte debieran abolirse por ley. Y que ambas precauciones como en su día se hizo con la esclavitud, debieran, al menos, aparecer escritas en la Constitución de cada país que quiera enterrar todo hacha de guerra. Así no sólo podríamos sentar a los verdugos en el banquillo de los acusados, sino también a estos otros matarifes, los responsables de que millones de personas mueran de hambre o de que el paro se contagie como una epidemia. La miseria no tiene que ver con la economía sino que supone una clara vulneración de los derechos de la persona. Así que para que nos podamos sentir en paz con nuestra esperanza, haría falta detener urgentemente a los fabricantes de hambrunas, a los que sacan a los niños de la escuela y los obligan a trabajar de sol a sol o a morir de hambre en lugar de vivir de sueños.
Para que alguna vez –pongo otro ejemplo-- la expresión descanse en paz no tenga que ver con la muerte sino con la vida, tendríamos que reinventar la palabra solidaridad. De forma y manera que la ayuda humanitaria a eso que llaman Tercer Mundo, países emergentes, quinto pino del estado del bienestar, deje de ser un gesto de magnanimidad por parte de algunas instituciones, para convertirse en algo exigible, sine qua non, obligatorio para gobiernos y empresas. Hoy por hoy, la geografía de la ayuda humanitaria, lejos del sueño del 0,7 por ciento, coincide sospechosamente con los despliegues de tropas o con los lugares de procedencia de la inmigración clandestina.
Para que la paz no sea un inmigrante clandestino en nuestro mundo, no debieran existir inmigrantes ilegales, porque ninguna persona es ilegal. Ni debiéramos notar el gesto del desprecio en el rostro de la opulencia o en el de la soberbia, cada vez que se crucen con un color distinto o un bolsillo vacío.
Pero sobre todo, para elegir libremente la paz como costumbre, tendremos que gozar de libertad. Quizá sea porque los periodistas pierden la vida o pierden el empleo a manojitos. O quizá porque también pierden una u otra condición aquellos que no son periodistas pero que un día se levantan y dicen esta boca es mía en vez de morirse o de desvivirse sin decir ni pío.
O tal vez porque una mujer está huyendo de algún país –es posible incluso que sea el nuestro—porque no quiere renunciar a su esencia de mujer o de ser humano. O porque un homosexual se esconde del dedo acusador y de la paliza del desprecio. O porque el gafitas cuatro ojos capitán de los piojos que cada día acude al colegio con más miedo que vergüenza, está decidido a dejar de sentir ambas emociones y se encara con el matón de la escuela o sucumbe ante el matón del barrio.
Para obtener la victoria de la paz hay que dar, como ven, mucha guerra. Pero frente a las armas de destrucción masiva de todas las naciones, usemos las almas cargadas de futuro de la poesía, de la noviolencia y de todas nuestras emociones.
Juan José Téllez