El paro, el problema más grave y el más complejo que tenemos planteado en Cádiz, tiene solución. Esta afirmación categórica, que a primera vista puede parecer una candorosa e ingenua simpleza, encierra una seria denuncia que, a mi juicio, debería estimularnos para que nos preguntemos qué dosis de responsabilidad nos compete a cada uno.
Tras un elemental análisis de los comentarios que formulan los políticos de los diferentes niveles de gobierno o de los distintos partidos de la oposición; de los eslóganes que lanzan en sus manifestaciones las centrales sindicales; de las mutuas acusaciones que se hacen los empresarios y los banqueros; de las propuestas que, desde las tribunas periodísticas, se prescriben e, incluso, de las conversaciones que mantenemos en las tertulias de amigos, he llegado a la conclusión de que todos coincidimos en señalar a los otros como los únicos culpables.








