Por José Antonio Hernández Guerrero .
La palabra “verano” es una abreviación de la expresión del latín vulgar veranum tempus, que significa el “tiempo primaveral”, la época de la primera estación del año. Esta locución, a su vez, es una derivación de la voz latina culta ver, veris que, literalmente, significa “primavera” y, metafóricamente, quiere decir “juventud” o “primavera de la vida humana”.
Hasta el Siglo de Oro, en la Lengua Castellana se distinguió entre el “verano” y el “estío”. La primera palabra -“verano”- designaba el fin de la nuestra actual primavera y el principio de nuestro verano moderno; y la segunda -“estío”, del latín aestivum tempus- se aplicaba al resto de esta estación, al tiempo del calor y del fuego. El vocablo “primavera”, que viene del latín vulgar prima y vera -una deformación del latín clásico primo vere- significaba solamente el comienzo de la estación conocida ahora con este nombre. Como recientemente ha explicado con acierto en estas mismas páginas, Francisco Bejarano, el verano también recibe el nombre de “canícula” -diminutivo femenino de canis- que significa, por lo tanto, “perrita”, con cuya imagen, parecida a la de este animal doméstico, se designa a la estrella Sirio, visible en esta época calurosa del año.