Leído en Diario de Conil. Por su interés reproducimos este artículo.
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Confieso que los mártires, los caudillos, los héroes, los santos, los genios, los líderes y, sobre todo, los profetas, cuando están lejos, estimulan mi admiración pero, cuando los contemplo de cerca, me asustan. Creo firmemente que son necesarios para dinamizar la sociedad, para despertarnos del letargo y de la apatía; pienso que son imprescindibles para mover nuestras conciencias, para defender los grandes principios y para fortalecer a los débiles.









