lunes, 27 de febrero de 2017

"Hasta siempre Pablo ...", por Salvador Delgado Moya

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NO has parado hasta quedarte tranquilo!!!
Ya todo está dicho! Ya estás descansando!

Nunca te he visto, nunca te he podido estrechar la mano y nunca te he podido abrazar. Y se me ha quedado un sabor de boca agridulce… no por mirarte a los ojos y poder beber de tu fortaleza; no por abrazar a una persona que se ha hecho viral en las redes sociales; sino porque, pocas veces, en esta puñetera vida, puedes admirar, idolatrar y abrazar a un “ángel”, como lo has sido tú.


Si Pablo, eres tú! Eres la persona que vino a este mundo para fortalecer nuestras almas, utilizando las armas más nobles que puedan existir: tu voz, tu sonrisa, tu convencimiento y tu humildad.

Y tiene cojones!  Lo mejor de todo, es que te has tirado un montón de meses pidiendo y concienciando a la sociedad de la necesidad de donar, y tú, por el contrario, no pedías nada para ti.  Pero si hubo mucha gente que sin conocerte, te doy todo su amor, solidaridad y comprensión.

 Tu sabias algo!!! Colega, tu a mí, no me engañas.  Creo que tú estabas al loro de tu propia realidad y nos hacías creer que la vida sigue siendo maravillosa. Pues claro que puede ser maravillosa! Pero siempre para vivirla con personas como tú!

¿Y ahora qué hacemos? Sigo maldiciendo mi estado de incredulidad, o sigo llorando hasta desahogarme…

Pero el mazazo que nos has dado es muy duro. Jamás pensé que el cuento terminara con este final, un final que no gusta a nadie, salvo al destino, ese que deambula sin coherencia y que dormita  en ilusiones cegadas por la indiferencia.

Pablo, confiaba en ti. Me cuesta una barbaridad conjugar los verbos en  modo pasado. Yo tampoco estaba preparado para esto. Espera, perdóname, tengo que limpiarme las lágrimas…

¿Dónde está la ilusión? ¿Dónde quedan las ansias de superación? ¿Dónde quedarán las ganas? ¿Adónde llevo todo el amor que dejaste aquí?  No me resigno a aceptar tu partida.

Ahora que estas en el otro lado, siéntete feliz por lo que hiciste, por lo que diste, por lo que amaste, por lo que transmitiste y por la huella que has dejado por el resto de los siglos.

Un marbellí,  joven, deportista, vitalista, con ganas de comerse el mundo, y sin embargo, el mundo se le comió a él. Ironías de la vida, incomprensible, inauditas e ilógicas.

Nunca te tenían que haber llamado Pablo, lo harían para despistar, tu nombre y tu esencia siempre coincidirán aquí y allí, tu nombre debió ser “angel”, ese ente  donde las estrellas  brillan con tu presencia; donde la luz deslumbra  con tu sonrisa; donde la ambición del bienestar del prójimo tienen  nombre y apellidos; donde la dedicación y el sacrificio puede resultar totalmente incoherente; donde la actitud se evalúa antes de la superación; donde tu conquista mereció menos batallas; donde tu aliento incitaron a muchos inconformistas, donde la verdad no cogió de la mano a la coherencia…

Cuando pase el tiempo y tu recuerdo se vaya difuminando, siempre existirá una estrella en el firmamento que brillará con la luz del positivismo, de la lucha y de las ganas  y del compromiso de vivir;  porque fuiste el producto necesario para eliminar el vaho que tenía el espejo de nuestras vidas, incitándonos a una felicidad pura, a compartir sentimientos y a disfrutar de lo que verdaderamente seduce nuestras vidas.

Sólo necesitas una mochila para llevarte los abrazos, los besos,  el cariño y el amor puro de tu novia, de tus padres y de tu familia… y también el respeto, la admiración y el encandilamiento que sentimos hacia tu persona, porque llegaste a ser tan puro y cristalino, que creo de poseías la  condición inequívoca de seres especiales que dedican su vida a mejorar la de los demás. En fin Pablo, descansa… porque tu sonrisa seguirá  propagándose  por todo el Universo.

Hasta siempre Pablo…
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La foto de este artículo es del perfil de Pablo en Facebook actualizada el 28 de enero.

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