Para lograr un bienestar verdaderamente humano, además de disponer de determinados recursos materiales, necesitamos disfrutar de ciertas condiciones inmateriales. Además de las exigencias indispensables para llevar una vida individual y familiar digna como, por ejemplo, la salud, la economía, la vivienda, el trabajo, el descanso e, incluso, el ocio, es necesario que cultivemos otros bienes que comúnmente denominamos “espirituales” como, por ejemplo, amar y sentirnos amados, respetar y sentirnos respetados, escuchar y sentirnos escuchados, esperar y sentirnos esperados, perdonar y sentirnos perdonados, entendernos con los otros y sentirnos bien nosotros mismos.
Hemos de reconocer que, en este mundo tan ruidoso y tan agitado, nos resulta difícil saborear esos regalos “inmateriales” que, además de hacernos disfrutar, fortalecen nuestro espíritu y alimentan nuestro organismo.