domingo, 25 de diciembre de 2016

"Las guerras finalizarán cuando no haya quienes las combatan", por Gonzalo Polo

A finales de la primavera de 1983, siete horas antes de coger un tren con destino al cuartel militar de Cerro Muriano, en Córdoba, me declaré objetor de conciencia en el momento en que debía recoger el petate en el cuartel de Cuatro Vientos de Madrid. Entonces el MOC no tenía capacidad para respaldarnos, tan sólo nos daba unas pocas indicaciones para cómo hacerlo, pero en ese momento estaba solo ante 5.000 reclutas, a quienes nos habían recitado las graves consecuencias que traería nuestra indisciplina, algunas penadas con la muerte en el caso de estar en guerra.


Al escuchar mi nombre y dando un paso al frente, como obligaba la norma, terriblemente nervioso y con un sudor frío que empapaba todo mi cuerpo, balbuceé que objetaba. Inmediatamente se me acercó un capitán que apenas superaba la talla mínima y con los ojos inyectados en sangre me preguntó:
- ¿Que usted objeta el qué?
- Me declaro objetor de conciencia (respondí mientras apretaba las carnes para evitar que el esfínter se me aflojara y me llenase los pantalones de mierda)

- ¿Objetor? ¿Objetor? - repetía el susodicho capitán - ¡A ver, el carnet! - Acto seguido le entregué mi DNI y él dirigiéndose a los cinco mil chavales que permanecían firmes y con cara de asombro, gritó.
-¿Esto? ¡Esto es el carnet de identidad! ¡Enséñeme el carnet de objetor, maricón!

-Eso no existe y en el Movimiento de Objetores de Conciencia me han dicho que este es el lugar y momento para hacer mi declaración. - Conseguí responder, apretando más aún mis nalgas y temiendo cagarme entero.
 
El poco agraciado en estatura del capitán, me arrojó el carnet al suelo y ya no se dirigió directamente a mí sino al resto de los 5.000 futuros reclutas, amenazando que me iba a poner frente a un pelotón de fusilamiento junto al resto de los miembros de mi secta por maricones de mierda, y así pasé cinco eternos minutos estoicamente firme, no por ser una postura marcial sino porque tenía los pies clavados al suelo, aguantando repetitivos insultos y amenazas, hasta que por fin me dio treinta minutos para presentarme en el Gobierno Militar con una última amenaza de encerrarme de por vida si llegaba él antes que yo. Me agaché y recogí del suelo el DNI, y sin mirar atrás me fui directo hacia la salida sintiendo en mi nuca la mirada de tantos jóvenes amedrentados y la mirada cómplice de los soldados que hacían guardia junto a las garitas.

Tuvieron que pasar cinco largos años, en los que acudí a asambleas del MOC, en las que debatíamos las posibles acciones a realizar, para presionar al gobierno de que nos eximiera de la Prestación Social Sustitutoria, cuya duración era el doble de tiempo que el servicio militar, y evitar las penas de cárcel a las que nos enfrentábamos quienes habíamos decidido declararnos insumisos, negándonos a cumplir cualquier tipo de servicio, hasta que el gobierno del PSOE por fin decidió una amnistía para los primeros 22.000, disfrazándola de un discurso sobre la preocupación hacia los objetores y la indefensión legal que estábamos sufriendo, aunque lo único que pretendían era dispersar y paralizar a los siguientes, pues su problema era la acumulación de objetores y la falta de presupuesto para llevar a cabo la PSS.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguro que en ese momento fuiste el más valiente de los 5001 reclutas que allí habíais. No te hizo falta ir cargado de armas para echarle cojones al asunto. Otra cosa serían los motivos que te llevaron a ello, con los que, posiblemente -al menos con alguno- yo mismo pudiera no estar de acuerdo. Pero lo que sí es verdad es que, para hacer eso en ese preciso momento, había que tener los machos muy bien puesto. Sin embargo, como en todo y con todos, hay que tenerlos también muy bien puesto para saber comulgar con todo tipo de opiniones, respetando a los que no piensan lo mismo que uno. La edad te habrá hecho más débil.

Llámame Moisés dijo...

No soy valiente sino simplemente un tocapelotas.
Gonzalo Polo

E. Alonso dijo...

Voy abrir el artículo despacito, descalzo y en puntillas, para ver si está… ¡Hostias! sí está, el “¡xodoideo ectoparásito! ¡Maestro huevo de phthirapteral! ¡Sarcophagidae cojonera! ¡Asesino en solitario!”
¡Carajo! ¡Corramos! Estamos en peligro que nos pida una birra por la cara.

Anónimo dijo...

El autor de este artículo me recuerda a Patán por su amor por las medallas. El mismo se coloca medallas en su pecho. Cuando Patán recibe una nueva medalla, él se abraza a si mismo lleno de felicidad, saltando al aire y cae flotando como una pluma.

Anónimo dijo...

Para guerra la que hay forma en Podemos. Ver el País de hoy. Tela

Anónimo dijo...

¿En el Pais?
Pero si es el boletín del Pso€. ¡Qué irá a decir! Peso€ bueno, podemos comeniños.
Gracias por el consejo pero antes de leerlo le doy otros usos en el wc.

Anónimo dijo...

¡Anda! Que el PSOE también lo lleva claro.

Anónimo dijo...

Que suerte tiene Bernardo, gracias a él tiene algo que publicar los días 24 y 25 de Diciembre.