lunes, 18 de abril de 2016

"La caesaria y la phalloides", por Gonzalo Polo

Las dos son especies de amanita, un género de hongos del orden agaricales, muy frecuentes en los montes de Jimena de la Frontera. 

´La primera es un excelente y apreciado comestible, mientras que la segunda carece de ningún valor, pues su alta toxicidad la hace mortal.

Siguiendo la línea de premios a la excelencia o la ineficacia, con respecto a la representación teatral de La Toma de Jimena, 1431, la caesaria podría ser el reconocimiento a un trabajo bien hecho e iría para la puesta en escena de la misma, de Marcus von Wachtel; al libreto escrito por Eduardo "Erpedagogo Jimenato"; y a todo su elenco.

Marcus von Wachtel ha demostrado su buen hacer profesional sacando adelante un espectáculo sin presupuesto y con actores y actrices no profesionales, y con muy poco ensayo. Un espectáculo excesivamente barato, con una muy pobre escenografía y un muy pobre vestuario, con actores y actrices calzando "tenis" o vistiendo pantalones vaqueros, e incluso se pudo ver un casco de guerrero hecho con papel de aluminio. Son las consecuencias de dejar desierto el apartado de escenografía y vestuario.

La phalloides, premio a la ineptitud, sería el ayuntamiento de Jimena el merecedor de tal galardón. Primero por el racaneo a la hora de producir un espectáculo de tal magnitud, y segundo y principal, por la falta de seguridad y prevención de accidentes.

La contratación de un dron (no había dinero para hacer un buen espectáculo, pero sí para gastarlo en una estupidez que no enriquece ni aporta nada al espectáculo), que contraviniendo la normativa vigente respecto al uso y vuelo de drones, puso en peligro la integridad física de todos los presentes por no mencionar la molestia y distracción que provocó.

La inexistencia de ninguna ambulancia o protección civil, y la no señalización y restricción de zonas de peligro dentro del recinto del castillo, fueron otro riesgo más añadido. Un espectáculo jamás puede tener riesgos que atenten contra la integridad física de los espectadores y participantes.

El vuelo ilegal del dron conlleva una pequeña penalización de 250.000€, en el caso de que tal grabación pueda ser denunciada cuando ésta se cuelgue en la red, una multa que por supuesto deberá pagar todo el pueblo, mientras que el responsable o responsables de tal cagada saldrán limpios y sin responsabilidades.

Afortunadamente no ocurrió ninguna desgracia, pero el riesgo fue real.
(Si la idea de la alcaldía era tener un vídeo a vista de "buitre", bien podrían haberle colgado una cámara a uno de los que sobrevolaron aquella tarde el castillo, para al día siguiente organizar una ruta turística a las buitreras, en busca de la grabación perdida.)

1 comentario:

Gonzalo Polo dijo...

La fotografía que ilustra este artículo pertenece a José Manuel Albez Doncel (Flaky), otro olvidado en este evento.
G.Polo